Hombres y Mujeres: La hora de la reconciliación

Hombres y Mujeres: La hora de la reconciliación

Pretender a estas alturas de la civilización, plantear una guerra de sexos para resolver el problema de la relación entre hombres y mujeres, poco favor le hace a la humanidad. En un mundo polarizado, sumar un elemento más al señalar culpables, ninguna contribución se hace al plantear esta situación en términos de disputa. Si bien es cierto que sacar el tema a la luz pública, constituye un avance social en aras de construir un modelo diferente de relacionarnos y que abre nuevas posibilidades, también no es menos cierto, que de la forma como se aborde depende que ahondemos brechas o que apuntemos a la solución de la temática. Es de reconocer que históricamente y por múltiples factores, los hombres hemos ejercido una posición dominante y muchas veces de abuso sobre las mujeres y que estamos llamados a reparar ese desequilibrio y la estela de dolor que se ha podido causar. Sin embargo, el análisis en pro de generar un proceso de transformación global de la relación entre hombre- mujer, no se puede quedar en señalar culpables y hacer juicios. Debe trascender para abordar la integralidad del sistema, para apoyar a unos y otros en una dinámica de crecimiento personal, que les permita observarse desde otros ojos. Fenómenos de orden generacional, cultural, social, de creencias, de formación, etc., deben ser examinados sin perder la perspectiva el concepto de unidad, dejando de vernos como entes separados y buscando alternativas que faciliten un proceso de reconciliación, donde quede de manifiesto que la plenitud de la humanidad está ligada a que hombres y mujeres, nos reconozcamos como uno solo y como una manifestación amorosa de la divinidad. En volver al amor, está la clave. La victimización, no solo pasa por el lado de la mujer y lo femenino sino que puede afectar también al hombre y lo masculino, por eso es importante abordar el tema desde un enfoque diferente y en donde como aporte apuntaría a una redefinición de lo que es ser hombre y masculinidad y ser mujer y feminidad, en esta sociedad. Y en ambos casos la definición debe estar encaminada a dos ejes fundamentales: seres completos y llenos de amor. Nadie puede relacionarse de buena forma desde la carencia y si no está completo.

Entendiendo por completo una persona que trabaja en sí mismo y se reconoce como un ser lleno de amor, que se ama, que se acepta, que se valora, que entiende su imperfección, que se perdona y que genera abundancia en el corazón, que traslada a los demás. Solo se puede aspirar a unos buenos niveles de relación desde la premisa que la fuente de la riqueza de una relación soy yo.
Solo si estoy lleno de mí, podré ser un regalo de amor para el otro. De ahí que un buen punto de partida para movilizarnos hacia un mejor camino en cómo nos relacionamos, sea desarrollando un proceso de revisión interna- tanto hombres como mujeres-, que permita mirar como con nuestras conductas – no solo físicas, sino verbales, gestuales, comportamentales, etc. –, somos agentes de amor o de violencia en la sociedad y como a
través de ella puedo incitar a respuestas en el mismo orden. Avanzar, aunque suene cursi, a la recuperación del amor y no cualquier tipo de amor, sino amor del bueno, como fuente de las actuaciones en nuestras vidas, es un imperativo para el orden mundial. Desde mi posición de hombre, entiendo nuestro compromiso con la humanidad, de trabajar en la construcción y aceptación de nuevos tipos de masculinidades acorde a los cambios que
nos entrega el universo.

A partir de ahí, ¿Qué tipo de hombre o mujer decido ser y poner a disposición de la
sociedad?

Luis Carlos Quiñones Quevedo

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