El Striptease Social <br> –

El Striptease Social

La pandemia nos ha encuerado como sociedad, nos está revelando no solo como estamos sino señalando un camino hacia donde debemos apuntar y es allí donde se va a ver el verdadero talante de los gobernantes y de los habitantes para redireccionar el presente desde otras prioridades. Sin lugar a dudas, este es un momento propicio para elegir el tipo de sociedad que queremos ser y a los valores que queremos apuntar.
Tengo la sensación que en este momento, queremos invocar y acudir a una responsabilidad ciudadana que no ha sido formada, esperando una cosecha que no corresponde a la siembra, queriendo pedirle como dice el refrán popular “peras al olmo”, cuando en nuestro proceso formativo y en los planes de desarrollo de la ciudad, no son prioritarios ni la educación ni la cultura ciudadana.
Ser ciudad y ser ciudadano, no son simples enunciados teóricos, requieren todo un espacio de construcción donde se deben integrar todos los sectores y solo es posible desde un consenso social, donde todos nos hagamos responsables de la parte que nos corresponde.
En el caso particular de Barranquilla, es importante acometer también el estudio y formación del componente emocional, donde culturalmente se nos ha enraizado que somos la ciudad de la alegría, emoción esta que tiene sus luces y sombras, donde también nos debemos revisar. La alegría desde sus luces nos permite tener una sensación de plenitud, de esperanza, de motivación y de felicidad que nos pone como indicador, todo está bien. En cambio, en sus sombras, se convierte en todo un peligro y una alarma social, ya que habitamos en la imprudencia, el ridículo, la trivialidad, la burla, el éxtasis y aun la locura, en donde todo lo volvemos chiste, hacemos cosas inapropiadas para el momento, excedemos los límites personales y sociales, actuamos con insensateces, en forma irreflexiva pudiendo producirse consecuencias que son irreparables.

Y frente a mis manifestaciones de alegría, ¿cuáles ubico en la luz y cuales en la sombra?, es un buen ejercicio para empezar. Desde mi consciencia, siento que hoy en día como sociedad la alegría debiera centrarse en saber que me cuido, que te cuido, que nos cuidamos y que todos aportamos a salir airosos del momento. Sin embargo, observo un comportamiento de muchos, que desde la sombra, celebran por evadir las normas, por tener permisos de salida innecesarios, por hacer celebraciones de cualquier índole, por portar tapabocas de adorno que cuelgan en sus cuellos o sobre su cabeza, por ejercitarse en manada sin distanciamiento social, por colgar en las redes sociales todo tipo de mensajes en las que se pone de manifiesto que no se cumplan mínimamente protocolos de seguridad. En fin, debemos admitir que nos convertimos en una sociedad donde la virtud de la alegría, la convertimos en sinónimo de viveza, de trastocar el orden, de sentirme con más derechos que otros, de vulnerar reglas mínimas de convivencia, de buscar la complacencia personal por encima de todo. Reconocer las sombras, no es un acto de laceración ni de culparnos, es amistarnos con ellas y con la vida para desde ahí, iniciar de manera prioritaria un proyecto educativo a todos los niveles, sin distingos de estratos socioeconómicos, donde desde la responsabilidad, el compromiso y la unión, podamos habitar la alegría de la que nos ufanamos como seres de luz, pudiendo vernos al desnudo sin máscaras y desde la esencia de nuestro ser.

Luis Carlos Quiñones Quevedo

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