Autocontrol y Compromiso Ciudadano

Autocontrol y Compromiso Ciudadano

Eran las 5:14 A.M., me desperté con ganas de tirar calle, de salir a la caminata matinal. Advertí enseguida que para ello tenía una dificultad ya que, por norma regulatoria de la cuarentena, por mi último dígito de cédula, no me correspondía salida. Me dije enseguida. -Sal sin problemas! si te preguntan, puedes cambiar el último digito de tu cédula de tal manera que se ajuste a quienes si lo pueden hacer-. Y luego me pregunté: ¿Qué tal si me piden la cédula?, y entonces me respondí: -Creo que de lo que leí de la norma ella no establece la obligación de portarla al momento de hacer ejercicio-, ignorando que por encima de ello, hay leyes que contemplan que como ciudadano debo portar mi documento de identificación. Desde ese análisis, estuve tentado a satisfacer mi deseo caminante y le conté a mi esposa mi plan, su respuesta fue simple: -Hoy no te corresponde-. Ese mensaje fue suficiente para generarme varios cuestionamientos: ¿Cuantas veces desde mi individualismo y desde las ganas de cumplir mis expectativas, me doy permiso a buscarle la comba al palo para acomodar a mis intereses las normas? ¿Cuantas veces, desde el fin justifica los medios, encuentro en el supuesto vacío de las leyes, el pretexto para infringirlas, desde el supuesto inocente que con ello no le estoy haciendo daño a nadie o nadie me está viendo o nadie lo va a saber? ¿En que momentos minimizo el impacto de mis actuaciones a sabiendas que voy en contravía de mis valores? y más aún, me indagué. ¿Qué pasaría si todo el mundo tomara desde el mismo punto de partida mío, la decisión de ir a las calles porque es muy difícil que me vayan a pillar? Todas esas preguntas fueron respondidas con una contunde afirmación: Si quiero vivir en conexión con la integridad, la honestidad, la coherencia y ser un buen ciudadano, las “justificaciones piadosas”, no tienen cabida y es ese un modelo que tengo que cambiar. La primera decisión que tomé fue quedarme en mi edificio haciendo ejercicio, en coherencia con lo que acababa de concluir. Seguidamente entré en un proceso de observación, vi en la calle grupos de vecinos congregados para caminar y me dije que coincidencia que esos que todos los días salen juntos, tienen el mismo pico y cédula, luego advertí una pareja que agarraditos de la mano caminaban y disfrutaban de su jornada matinal, también vi a un señor que caminaba con su tapabocas caído como un artículo de lujo más. En fin, cada uno desde sus razones y reivindicando derechos diferentes muy seguramente estaban vulnerando la normatividad.

Entre los caminantes en grupo estaba un vecino, que me salió al paso al ingresar al edificio y sin yo ni siquiera preguntarle me dijo que “él estaba saliendo todos los días y que no estaba de acuerdo con el alcalde porque dos días no son suficientes para hacer ejercicio”, cariñosamente le compartí mi experiencia y que de ella había aprendido la necesidad de autorregularme y de respetar normas de convivencia ciudadana desde el autocontrol, me dijo que estaba de acuerdo conmigo pero que nadie se iba a dar cuenta. Esa afirmación me regalo otro cuestionamiento desde lo colectivo. ¿Será que necesitamos que nos estén vigilando para comprometernos como humanidad?, y luego entonces me imaginé un convoy de policías en la calle pidiendo cédulas temprano por la mañana para verificar el cumplimiento de la normatividad, ocasionando enseguida una respuesta ciudadana quejándose que en vez de estar molestando a los que se ejercitan debieran estar correteando a todas las ratas que andan libres en la ciudad. Lección aprendida, lo que sucede en mi entorno es parte de mi responsabilidad y la cosecha que recojo es la consecuencia directa de la siembra de mis comportamientos. Debo decir que también observé a quienes se ejercitaban cumpliendo con los protocolos de seguridad y me dije: Yo a partir de ahora soy de esos, de los que desde la coherencia entre lo que pienso, expreso y siento, me convierto en una salvaguarda de los intereses comunes, privilegiando lo colectivo y autogestionándome para ser un agente de cambio social. ¿En qué lugar te gustaría a ti estar?, que ese sea uno de los hermosos tesoros que esta pandemia nos pueda dejar.

Luis Carlos Quiñones Quevedo

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